TAN CHIAO

Asociación de Taoísmo de Cataluña

Ecuanimidad y equilibrio mental

Demasiado Fuego, seca.

Demasiada Agua, drena.

Este desequilibrio, solo se puede controlar

Cultivando el equilibrio

(Chang Po-Tuan)

 

El equilibrio es el estado de la energía en el que todos los órganos vitales funcionan en armonía y la esencia, energía, y espíritu se conservan y no se agotan.

La ecuanimidad es la manifestación mental del equilibrio emocional, y es un requisito básico para el desarrollo espiritual.

La energía forma un puente entre el cuerpo y la mente, y es el punto de apoyo que mantiene las funciones fisiológicas y psicológicas en equilibrio. Cuando predomina el demasiado fuego o la demasiada agua, cuando se desequilibra el Yin y el Yang, o cuando la armonía natural, tanto del cuerpo como la mente manifiestan malestar se debilitan las funciones físicas y mentales y se deterioran la inmunidad y la resistencia.

En el cultivo del equilibrio, el aspecto de la energía que se trabaja es la energía emocional o energía en movimiento. Las siete emociones son las principales causas internas de los desequilibrios de la energía que dejan al cuerpo vulnerable a la enfermedad y la degeneración. Cada emoción está asociada a un par de órganos vitales y a la energía que los controla. De todas las diversas energías asociadas con la vida humana, las energías emocionales son las más difíciles de controlar, y cuando se las deja descontroladas alteran la mente, deterioran la inmunidad y agotan la vitalidad, secando y drenando la esencia y la energía. A diferencia de la energía cerebral, que se aloja en la cabeza, la energía emocional reside en el corazón y no escucha a la razón. Solo la fuerza de la voluntad puede controlarla.

Las emociones son como un mono. Juguetonas, traviesas, incansables y totalmente imprevisibles, "la mente del mono" de la emoción, se balancea de un extremo al otro, reaccionando irreflexivamente a los estímulos exteriores transmitidos por los cinco sentidos "el mono hace lo que ve". Así es como reaccionan las emociones ante el mundo. Todas las energías emocionales están provocadas por percepciones sensoriales (si oímos algo que interpretamos como un insulto, instintivamente reaccionamos con rabia). En cada caso, la emoción es activada por un suceso externo, que llega a la conciencia a través de los canales sensoriales y desata una oleada interna de energía que se precipita por el organismo como el fuego, desequilibrando las energías, alterando la armonía yin-yang, desencadenando urgentes reacciones de estrés y alarmando la mente. Atrapados en una reacción emocional incontrolada, tanto el cuerpo como la mente quedan impotentes para resistirla, porque la emoción "Gamberro jefe" se apodera de toda la energía cuando se precipita por el organismo.

Además de robarnos la salud y la vitalidad, las emociones constituyen el mayor obstáculo para el progreso espiritual porque desvían la energía y la atención del desarrollo interior hacia las distracciones exteriores, y provocan comportamientos que contraían las mejores intenciones. Las emociones son instintos primitivos que han de ser controlados por la sensibilidad superior del conocimiento humano. Las emociones son obstáculos para el desarrollo espiritual: contaminan la claridad mental, deterioran las relaciones humanas y son enemigas de la voluntad y la razón.

Los crímenes pasionales son la manifestación externa del conflicto entre corazón y cabeza en la vida humana, la falta de equilibrio puede llevar a la gente a hacer cosas que no tenían ninguna intención de hacer, destruyendo sus propias vidas y las de las otras personas por dar rienda suelta a sus emociones momentáneas. El gamberro jefe y los cinco ladrones (cinco sentidos) se asocian con nuestros más bajos instintos y constantemente provocan comportamientos que van en contra de nuestro buen sentido e intereses a largo plazo. La única manera de detectar a estos causantes de problemas y protegernos de su conducta es cultivar el equilibrio y ejercitar la ecuanimidad.


Cultivo del equilibrio y la ecuanimidad

El equilibrio y la ecuanimidad son mutuamente dependientes. Sin equilibrio emocional es imposible mantener la ecuanimidad mental y sin la ecuanimidad mental es imposible cultivar el equilibrio emocional.

El cultivo de la ecuanimidad emocional exige una vigilancia constante y una fuerte autodisciplina, no sea que el mono se escape y nos robe los frutos de la práctica cultivados con tanto esmero. Permitirse estallidos emocionales, por ejemplo de rabia, lujuria, miedo o celos, puede desbaratar toda una vida de conducta disciplinada.

El equilibrio no es algo que deba alcanzarse aniquilando las emociones. Cultivar el equilibrio significa aplicar la disciplina y el conocimiento para impedir que las emociones se desboquen y no significa eliminarlas. Esto es mantener en equilibrio las energías internas regulando las reacciones emocionales ante los estímulos exteriores. Controlar el corazón con la cabeza, en lugar de dejar que el corazón galope desbocado, controlar el Fuego con el Agua, en lugar de dejar que el Fuego queme toda su esencia y toda la energía, significa guiar las emociones con sabiduría y subordinar el instinto a la voluntad.

La meditación y el Chi Kung son útiles para cultivar la ecuanimidad debido a la claridad y el autocontrol que fomentan, aunque no bastan para regular totalmente las reacciones emocionales. La única manera eficaz de controlar las reacciones emocionales y establecer firmemente el equilibrio es ejercitar la ecuanimidad día a día durante las situaciones y actividades normales. A este tipo de práctica se le llama meditación en acción. La vida emocional es el terreno en que se pone a prueba la meditación. Si la rabia, el miedo, la lascivia, la envidia y otras emociones conflictivas continúan perturbando su paz mental y extraviando su comportamiento, quiere decir que no ha trasladado a las actividades cotidianas corrientes las virtudes y percepciones intuitivas que ha experimentado durante la práctica de la meditación. Este es un problema frecuente, y una manera de superarlo es tratar de imponer una breve pausa entre la percepción y la reacción, sobre todo en las situaciones emocionalmente sensibles, de modo que la mente sabia tenga oportunidad de regular las reacciones antes de que la mente emocional envíe la energía a una reacción precipitada e irrevocable. Esa pausa entre la percepción y la reacción es el principal truco que se emplea para domar al mono y atarle el collar de la disciplina mental.

Uno de los mejores foros para cultivar el equilibrio y ejercitar la ecuanimidad es el matrimonio. La proximidad y la intimidad personal de la vida conyugal provocan el espectro completo de las emociones, y la única manera de impedir que el mono emocional haga trizas un matrimonio es cultivar la ecuanimidad y aprender a dirigir el corazón con la cabeza.

El equilibrio emocional es probablemente la virtud más difícil de cultivar, pero es indispensable para avanzar en la práctica. Sin él, las emociones se apoderan constantemente de todas las energías y contrarrestarán las órdenes de la mente sabia. La razón sirve de muy poco aquí, porque la razón está gobernada por el ego, el cual mima a la mente emocional y racionaliza el comportamiento para satisfacer sus caprichos. Solo nuestra firme voluntad y nuestra conciencia alerta pueden reunir el poder necesario para liberarnos de las garras del mono, igual que el proverbial mono de la drogadicción se aferra a los drogodependientes.

Para cultivar el equilibrio y lograr la ecuanimidad, el primer paso es reconocer la emoción como ladrón de la salud y la vitalidad, y como veneno para el desarrollo espiritual, en lugar de considerarla un impulso romántico. Esto no solo significa evitarlas reacciones emocionales negativas como la rabia, el miedo, y la envidia, sino también renunciar a la exaltación emocional y al autobombo del éxito mundano.

La emoción en el corazón es como el veneno en una substancia, como el fuego latente en las cañas; hay que tener conciencia de esto. Por lo tanto, cuando las personas superiores hacen su trabajo, no se sienten exaltadas cuando se les concede prestigio, no se sienten engrandecidas cuando se las honra, no prestan atención cuando se las trata con familiaridad, no recelan cuando se las trata con frialdad, y no se las puede humillar. Así pues, las emociones no las agitan.


Tan Chiao (Escritos transformadores)

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