WEN TSE

Asociación de Taoísmo de Cataluña

Claridad mental

Cuando el espíritu está limpio, se ilumina el conocimiento

Cuando el espíritu está limpio, es evidente la verdad

Cuando el espíritu está limpio, no pueden engañarlo deseos habituales

(Wen Tse)

La mente es como un espejo que refleja el mundo que nos rodea. La claridad de las imágenes que refleja y la de los pensamientos que esas imágenes provocan depende principalmente de la nitidez del espejo, no de la inteligencia.

“La gente usa como espejo el agua en reposo, no el agua corriente del arroyo, porque el agua en reposo está clara y tranquila"

(Wen Tse)

Cuando la mente está clara y tranquila, las imágenes que refleja son reales y el conocimiento que recoge es verdadero. Cuando la mente está agitada y confusa es como cuando se tira una piedra en un estanque de agua en reposo, las imágenes que refleja deforman la realidad.

Cuando el espejo de la mente está manchado por el polvo de los pensamientos triviales y sacudido por emociones conflictivas, deforma todas las cosas que refleja, desorientando al espíritu. En esas condiciones el conocimiento intelectual no sólo es inútil sino que con frecuencia es también peligroso, porque el intelecto racionaliza todo lo que refleja la mente. Aun cuando las imágenes del mundo que refleja la mente sean groseras distorsiones de la realidad, el intelecto las trata como si fueran reales y se basa en ellas para racionalizar el comportamiento.

Dado que todas las percepciones son filtradas por la mente, la claridad mental es tan importante para el conocimiento humano, como lo es la lente limpia de cámara. Cuando la mente está sucia con trivialidades y programada con fantasías, no puede captar de forma realista las complejidades de la vida.

La claridad mental no es una simple cuestión de estar alerta y perceptivo. Es cuestión de apartar los velos de las condiciones y las preferencias egocéntricas y percibir el mundo a través del espejo inmaculado del conocimiento primordial. Eso no es una tarea fácil ya que los seres humanos vemos el mundo a través de la lente condicionada culturalmente, formada por nuestros padres y por la sociedad.

Todo lo que entra en nuestro conocimiento consciente a través de los canales sensoriales es una impresión subjetiva del mundo, relativa a nuestro punto de vista y a nuestro conocimiento cultural.

Nosotros, la percepción y lo que percibimos son aspectos inseparables de un único y mismo proceso. Dado que la forma de percepción es muy similar en todas las personas y que el mundo percibido es un factor externo que todos compartimos pero que nadie puede cambiar, el único aspecto del proceso que podemos controlar y enfocar con el fin de obtener reflejos claros de la realidad es nuestra mente. Manteniendo bien limpio este espejo podemos evitar la distorsión de las imágenes que refleja y tener una clarísima visión de los escenarios donde transcurre y los argumentos que comporta la vida.

Cultivo de la claridad

Los dos factores más importantes en el cultivo de la claridad son la tranquilidad y la ecuanimidad.

La tensión excesiva y el desequilibrio emocional nublan la mente con una forma de energía desviada llamada "energía lodosa". Igual que cuando se remueve el poso de lodo del fondo de un estanque de agua cristalina, la energía lodosa sube de los órganos internos y oscurece la claridad de la energía cerebral de la cabeza cada vez que se permite que el estrés, la tensión o las relaciones emocionales incontroladas trastornen el sistema energético humano (La rabia hace subir energía caliente del hígado, el exceso de preocupación remueve la energía lodosa de la Tierra del bazo y del estómago, etc.). Siempre que ocurre esto, es como si empañáramos el espejo con vapor, o lo rociáramos con agua, o lo ensuciáramos con lodo, sean cual sean las imágenes que refleje, las veremos distorsionadas.

La claridad mental sólo se puede lograr y mantener cuando las energías internas están equilibradas y tranquilas.

La mente depende de la energía para su mantenimiento, y, por lo tanto, la calidad de la energía determina la calidad de las funciones mentales. La energía agitada y desequilibrada da origen a una mente agitada y desequilibrada. La energía serena y equilibrada mantiene la mente serena y equilibrada; esta es la base de la claridad mental.

Cuando la mano que sostiene la cámara está tranquila y firme, las imágenes que obtiene son claras y nítidas.

Como la claridad pertenece al dominio del espíritu, la meditación es el método más directo para cultivarla. Toda la alquimia de la meditación se puede resumir en tres palabras que aparecen una y otra vez en la literatura y saber popular taoísta "vaciar la mente". Vaciar la mente significa establecer el silencio cerebral y el equilibrio emocional requeridos para la claridad mental, deteniendo el monólogo interior del pensamiento discursivo, deteniendo a los Cinco Ladrones de los sentidos que nos distraen y eliminando el alboroto de las reacciones incontroladas. Vaciar la mente significa "limpiar el espejo", haciendo posible así el reflejo claro de los fenómenos exteriores y la percepción intuitiva espontanea de la verdadera naturaleza de la realidad.

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