DISCURSO DE CIERRE DEL CURSO DE GAOGONG. NOVIEMBRE DE 2012

Estimados miembros del Ministerio de los Asuntos Religiosos, directivos de la Asociación Nacional Taoísta China, directivos y profesores del Instituto Nacional Taoísta Chino, presidentes y miembros de las asociaciones occidentales taoístas, estimados amigos.
Antes que nada, queremos todos, los miembros de este grupo occidental, agradecer a nuestros anfitriones por la manera en que fuimos recibidos. Gracias a ustedes, este momento histórico pudo materializarse, han concretizado un proceso energético que puede cambiar el sentido de nuestra búsqueda y ayudar en la evolución de la humanidad.

Hace un año, durante el Foro Internacional Taoísta presenté un pensamiento que me ha ayudado a impulsar y lograr fundamentar este curso.
“Para poder entender la esencia del ser se tiene que regresar a los conocimientos antiguos, conectarse con los ciclos de la humanidad, encontrar en la historia el momento en el cual los escritos tienen la esencia, la verdad perenne, el motor filosófico que perdura.

Las civilizaciones antiguas encontraron esta verdad, cada una en función a su cosmovisión, atesoraron este conocimiento pero muchas no supieron cómo proteger y transmitir con autenticidad estas ideas. Con el paso del tiempo, los milenios volaron y el hombre se encuentra, hoy en día, con una realidad muy diferente, alejado de la armonía de la naturaleza, eclipsado de su propio espíritu.
¿Por qué, si tenemos la observación de la historia y el análisis de las diferentes sapiencias, volvimos a encontrar el mismo obstáculo que oculta nuestra evolución? ¿Será otro factor estimulante que permite reconocer nuestro ser espiritual o nos extraviamos y la sociedad perdió su armonía? ¿De qué se enfermaron nuestras comunidades si el ideal moderno de un lujo material acogedor y seguro, de una economía capitalista progresista (el sueño americano de los años 60), llevaba al hombre a reposar en un capullo protector?”.

En la búsqueda de este conocimiento perdido, muy secreto, nos hemos reunido, varios occidentales para formar una estructura capaz de venir a pedirles este favor, ayudarnos a encontrar un maestro que nos indique las técnicas, las fórmulas para comunicar con nuestro ser, para entrar en contacto con los protectores del cielo. Nos han abierto la puerta como lo hubieran hecho para un familiar, nos han recibido todos, a todos los niveles como amigos en búsqueda del saber verdadero. Gracias por recibirnos de esta manera tan cálida, al nombre del grupo, se lo agradeceremos toda la vida.

En cuanto al contenido de este curso, quiero agradecer de manera particular y en nombre de todo el grupo al maestro Meng que ha sabido instruirnos de manera pedagógica, profesional, sutil y ha permitido con su experiencia de vida conservar la unión de nuestro grupo. En varios momentos se presentaron dificultades, tensiones que fueron superadas gracias a su alegría, su integridad como ser humano y su maestría como profesor. Gracias a su didáctica hemos podido confirmar conocimientos que hasta hoy eran muy dudosos, poco explicados y a veces completamente falsos.

De la misma manera, queremos agradecer a los maestros que participaron con sus enseñanzas enaltecidas, porque estimularon nuestro intelecto de la manera más profunda. También y sin olvidar a los que intervinieron en la organización y en el equipo del maestro Meng. Por último y porque tiene un sentido más material y muchas veces nos olvidamos de ellos, los cocineros que supieron alimentar nuestro Tan Tien.

En nombre del grupo, estimados amigos, esperamos cumplir con sus expectativas y poder ser acogidos por su organización el año que entra para recibir las enseñanzas que nos van a permitir ayudar a nuestras comunidades. Es importante notar que juntos podemos construir un concepto nuevo, desarrollar en el occidente la filosofía taoísta para armonizar nuestro planeta. Como ha sucedido varias veces en la historia de la tierra, los maestros del cielo aparecen para apoyar en los tiempos de crisis, estamos seguros, hoy en día, que tenemos un destino común para fortalecer este momento auténtico y dejar que el Tao guie nuestros pasos.


Hervé LOUCHOUARN TRESTARD

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